La importancia de los recubrimientos del acero en hormigón armado

En una estructura de hormigón armado, las barras de acero no se colocan directamente junto a la superficie. Entre la armadura y el exterior de la pieza debe existir un determinado espesor de hormigón: el recubrimiento.

Puede parecer un detalle menor frente a otros aspectos como la resistencia del hormigón, el diámetro de las barras o las dimensiones de pilares y vigas. Sin embargo, un recubrimiento correctamente definido y ejecutado resulta fundamental para la durabilidad, protección y comportamiento de la estructura.

Y hay un aspecto especialmente importante: no basta con que el recubrimiento aparezca correctamente indicado en los planos. También debe respetarse durante la ejecución en obra.

?️ ¿Qué es exactamente el recubrimiento?

De forma sencilla, podemos entenderlo como la distancia existente entre la superficie exterior de la armadura y la superficie del hormigón.

Su valor no se decide de manera arbitraria. El recubrimiento necesario depende de diferentes factores establecidos en el proyecto y en la normativa aplicable, entre ellos las condiciones ambientales a las que estará sometido el elemento estructural.

No requiere la misma protección una pieza situada en un ambiente interior protegido que otra expuesta a humedad, agentes agresivos o condiciones ambientales más exigentes.

Por eso, hablar de un único espesor válido para cualquier estructura sería incorrecto.

?️ La primera función: proteger las armaduras frente a la corrosión

El acero y el hormigón trabajan conjuntamente de forma especialmente eficaz, pero para que esta combinación conserve sus prestaciones durante años es necesario proteger las armaduras.

El propio hormigón proporciona un entorno que favorece la protección del acero. Sin embargo, con el paso del tiempo pueden producirse procesos capaces de alterar esas condiciones.

Uno de ellos es la carbonatación del hormigón. También puede producirse la entrada de cloruros en determinados ambientes.

Si estos procesos alcanzan las armaduras y se dan las condiciones necesarias de humedad y oxígeno, puede comenzar la corrosión.

Cuando el acero se corroe, los productos generados ocupan un volumen superior al del acero original. Esto provoca tensiones internas que pueden acabar produciendo fisuración, desprendimientos del recubrimiento y pérdida progresiva de sección de las barras.

Por este motivo, disponer del recubrimiento adecuado es una de las medidas que contribuyen a retrasar la llegada de agentes externos hasta las armaduras.

El recubrimiento también influye frente al fuego

La protección del acero no se limita a la corrosión.

Ante un incendio, el hormigón situado alrededor de las armaduras ayuda a retrasar el aumento de temperatura del acero.

Este aspecto es importante porque las propiedades mecánicas del acero se ven afectadas cuando alcanza temperaturas elevadas.

El comportamiento frente al fuego de un elemento estructural depende de diferentes factores, por lo que no puede analizarse exclusivamente a partir del recubrimiento. Aun así, la posición de las armaduras respecto a la superficie expuesta forma parte de las consideraciones fundamentales del diseño frente al fuego.

? ¿Qué ocurre cuando el recubrimiento es insuficiente?

Si las barras quedan demasiado próximas a la superficie, disminuye la protección proporcionada por el hormigón.

Esto puede favorecer que determinados agentes externos alcancen antes las armaduras y, por tanto, reducir la durabilidad prevista.

En obra, esta situación puede aparecer por diferentes causas: desplazamientos durante el hormigonado, separadores inadecuados, armaduras mal posicionadas o falta de control antes del vertido.

Un error aparentemente pequeño puede repetirse a lo largo de numerosos metros de una estructura.

Por eso resulta tan importante revisar la posición del armado antes de hormigonar, cuando todavía es relativamente sencillo corregir cualquier desviación.

Más hormigón de recubrimiento no significa siempre una mejor solución

Podría parecer lógico pensar que, cuanto mayor sea la distancia entre el acero y el exterior, mayor será la protección.

Pero estructuralmente no funciona de una manera tan simple.

Las armaduras deben ocupar la posición prevista por el cálculo. Modificarla puede alterar parámetros relevantes del comportamiento del elemento.

Además, recubrimientos excesivos pueden requerir consideraciones específicas relacionadas con la fisuración superficial.

La solución adecuada consiste, por tanto, en respetar el recubrimiento definido en el proyecto, con las tolerancias y condiciones de ejecución correspondientes.

? Los separadores: pequeños elementos con una función importante

Durante el montaje de las armaduras se utilizan separadores para mantenerlas en la posición prevista respecto al encofrado.

Su función puede parecer sencilla, pero resulta esencial.

Las armaduras soportan movimientos durante los trabajos previos y durante el propio hormigonado. Si no están correctamente posicionadas y sujetas, pueden desplazarse.

La elección, distribución y correcta colocación de los separadores ayuda a conservar las distancias necesarias.

Es uno de esos detalles de obra que apenas se perciben una vez terminada la estructura, pero que tienen una influencia directa en la calidad de ejecución.

El hormigonado puede modificar una armadura bien colocada

Comprobar el armado antes del vertido es imprescindible, pero también debe prestarse atención a lo que ocurre durante el hormigonado.

La circulación de operarios, la colocación del hormigón y las operaciones de compactación pueden provocar movimientos si las armaduras no están suficientemente estabilizadas.

Una ferralla perfectamente colocada al inicio puede terminar fuera de posición si durante esta fase no existe un control adecuado.

De ahí la importancia de entender el recubrimiento como parte de todo el proceso constructivo y no simplemente como una medida que se comprueba una vez.

? Controlar antes de hormigonar evita problemas posteriores

Una vez endurecido el hormigón, corregir una posición incorrecta de las armaduras puede convertirse en una intervención compleja.

Antes del vertido, en cambio, muchas incidencias pueden solucionarse de forma relativamente sencilla.

Es recomendable comprobar la disposición general del armado, su estabilidad, los separadores y las distancias respecto al encofrado, además del resto de aspectos definidos en el proyecto.

En determinados trabajos también pueden realizarse comprobaciones posteriores mediante equipos específicos para localizar armaduras y estimar su posición bajo la superficie.

Sin embargo, la prevención durante la ejecución sigue siendo la herramienta más eficaz.

Durabilidad: pensar más allá de la entrega de la obra

Una estructura de hormigón armado está diseñada para prestar servicio durante un periodo prolongado. Por eso, muchas decisiones aparentemente pequeñas durante la construcción deben analizarse pensando en décadas y no únicamente en el momento de finalizar los trabajos.

El recubrimiento es un buen ejemplo.

Cuando se ejecuta correctamente apenas llama la atención. Cuando resulta insuficiente o existen defectos asociados, sus consecuencias pueden aparecer años después en forma de fisuras, manchas de corrosión o desprendimientos.

La calidad de una estructura depende tanto de los grandes elementos como de estos detalles de ejecución.

En REHAURA, constructora especializada en estructuras de hormigón armado en Madrid, el control de aspectos como la colocación de las armaduras, los recubrimientos y el proceso de hormigonado forma parte de una ejecución orientada a conseguir estructuras fiables y duraderas.

Porque en hormigón armado, unos centímetros que apenas se ven una vez terminada la obra pueden resultar determinantes para su comportamiento futuro.

REHAURA
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