Para reducir cambios, retrasos y sobrecostes durante la ejecución de una estructura compleja de hormigón armado, las decisiones esenciales deben abordarse desde el anteproyecto. No basta con dimensionar pilares, vigas y forjados: es necesario comprobar que el esquema resistente sea compatible con la arquitectura, las instalaciones, el terreno, el sistema de encofrado, la secuencia de obra y los medios disponibles.
Cuanto más tarde se detecta una incompatibilidad, menor es el margen para resolverla sin afectar al plazo o al coste. Un cambio de canto puede ser sencillo sobre el plano inicial, pero convertirse en un problema cuando ya están definidas las alturas libres, las fachadas, los patinillos o los pasos de instalaciones.
La complejidad no depende solo del tamaño del edificio
Un hotel o un bloque residencial puede presentar una estructura exigente aunque su superficie no sea especialmente grande. La dificultad suele aparecer por la combinación de varios factores:
- Plantas con distribuciones diferentes y pilares que no mantienen continuidad vertical.
- Grandes luces, voladizos, retranqueos o cambios de geometría.
- Sótanos, muros perimetrales y condicionantes de contención.
- Transferencias de carga mediante vigas de gran canto, losas o elementos especiales.
- Núcleos, escaleras y huecos que condicionan la estabilidad y el encofrado.
- Alta densidad de instalaciones en zonas con poca altura disponible.
- Accesos limitados para bombeo, grúas, acopios o retirada de encofrados.
- Fases de ejecución que generan estados provisionales diferentes del comportamiento final.
La planificación debe identificar estas singularidades antes de cerrar el diseño. Repetir una solución convencional en todas las plantas puede parecer eficiente, pero no lo es si obliga después a introducir refuerzos, recrecidos, demoliciones o pasos improvisados.
Planificación por etapas: del esquema resistente a la obra ejecutable
1. Definir los condicionantes que no pueden moverse
El punto de partida consiste en separar los requisitos flexibles de los verdaderamente inamovibles. Entre estos últimos pueden estar la retícula de aparcamiento, las alturas máximas, los núcleos de comunicación, determinadas fachadas, las juntas, los lindes o la posición de grandes equipos.
También deben revisarse desde el inicio la información geotécnica disponible, la posible presencia de agua, las construcciones colindantes y las limitaciones de acceso. En un anteproyecto todavía puede no existir una definición completa, pero las incertidumbres deben quedar identificadas y asociadas a comprobaciones posteriores. No conviene tratarlas como certezas.
2. Elegir una retícula coherente con el uso
Una buena retícula estructural no es únicamente la que resiste. Debe permitir distribuir los espacios, facilitar el estacionamiento cuando exista, evitar interferencias con habitaciones o viviendas y favorecer una ejecución repetitiva.
Un caso habitual es el de un edificio con aparcamiento en sótano y plantas residenciales superiores. La modulación adecuada para las plazas y calles de circulación puede no coincidir con la distribución de viviendas. Si esta incompatibilidad se descubre tarde, aparecen pilares mal situados o elementos de transferencia costosos. Conviene estudiar desde el anteproyecto varias alternativas: mantener alineaciones, ajustar la arquitectura o concentrar la transferencia en zonas controladas.
3. Comparar el sistema de forjado y sus consecuencias
La elección entre losa maciza, forjado reticular, solución unidireccional u otra tipología debe considerar más que el consumo inicial de material. Es necesario valorar:
- Luces y geometría de los paños.
- Cargas previstas y deformaciones admisibles.
- Canto total y altura libre resultante.
- Facilidad para resolver huecos y pasos de instalaciones.
- Repetitividad del encofrado y ritmo de planta.
- Necesidades de apeo, reapuntalamiento y desencofrado.
- Complejidad del armado y riesgo de congestión.
- Comportamiento frente al fuego, vibraciones y punzonamiento cuando corresponda.
No existe un sistema óptimo para todos los edificios. Una solución con menor canto puede exigir más armadura o un control más estricto de deformaciones; otra aparentemente económica puede ralentizar el ciclo si incorpora demasiadas vigas descolgadas, cambios de nivel o encuentros singulares.
4. Localizar pronto las zonas de transferencia
Las transferencias de carga son uno de los puntos más sensibles de una estructura compleja. Deben representarse con claridad, analizar su influencia sobre las plantas adyacentes y reservar espacio suficiente para armaduras, anclajes, encofrado y hormigonado.
Imaginemos un hotel cuya planta baja alberga salones diáfanos mientras que las plantas superiores repiten una trama de habitaciones. Interrumpir varios pilares sobre esos espacios obliga a transferir cargas. El análisis preliminar debe comprobar no solo la resistencia del elemento receptor, sino también su deformación, la secuencia de carga, la compatibilidad con cerramientos y la posibilidad real de colocar y hormigonar armaduras densas.
Una singularidad estructural bien resuelta sobre el plano puede seguir siendo difícil de construir si no hay espacio para montar la ferralla, cerrar el encofrado, introducir el vibrador o inspeccionar el hormigonado.
5. Coordinar estructura, arquitectura e instalaciones
La coordinación no debería limitarse a superponer planos al final del proyecto. Los huecos importantes, patinillos, pasos horizontales, bajantes, cuartos técnicos y equipos pesados han de incorporarse al modelo de decisión desde fases tempranas.
Las perforaciones improvisadas en vigas, ábacos, capiteles, muros o zonas de punzonamiento pueden comprometer el diseño. Por eso conviene clasificar los huecos en tres grupos: definidos y dimensionados; reservados pero pendientes de ajuste; y no permitidos sin revisión técnica. Esta clasificación evita que una necesidad de instalaciones se convierta durante la obra en una decisión urgente sin suficiente análisis.
6. Diseñar pensando en el encofrado y la secuencia
La geometría influye directamente en la productividad. Los cambios continuos de canto, las vigas con múltiples secciones, los bordes quebrados y las plantas poco repetitivas aumentan cortes, remates y tiempos de montaje.
Desde el anteproyecto conviene plantear cómo se dividirá la estructura en fases, dónde estarán las juntas de hormigonado, qué elementos se ejecutarán primero y cómo se mantendrá la estabilidad provisional. También deben contemplarse las necesidades de cimbras, plataformas, protecciones colectivas, accesos y zonas de acopio.
En estructuras de varias plantas, el ritmo previsto debe ser compatible con la evolución resistente del hormigón y con el esquema de apeo y reapuntalamiento. La retirada de puntales no se decide únicamente por comodidad de producción: requiere una planificación técnica acorde con las cargas de obra, la resistencia alcanzada y el comportamiento del conjunto.
7. Revisar la constructibilidad antes de cerrar
Una revisión específica de constructibilidad permite detectar soluciones correctas en cálculo pero problemáticas en obra. Rehaura aborda este tipo de estructuras relacionando la definición resistente con el encofrado, la secuencia y las condiciones reales de ejecución.
La revisión debería realizarse sobre las zonas más críticas, no solo sobre una planta tipo. Es recomendable seleccionar encuentros representativos: arranque de pilares, cambios de sección, nudos muy armados, bordes, voladizos, núcleos, escaleras, rampas, vigas de transferencia y uniones con muros.
Lista de comprobación antes de aprobar el anteproyecto
- Geometría: ¿están coordinados ejes, cotas, niveles, pendientes y cambios de planta?
- Continuidad: ¿se conocen todos los pilares y muros que nacen, desaparecen o se desplazan?
- Cimentación: ¿la solución parte de datos geotécnicos suficientes y contempla agua y colindantes?
- Deformaciones: ¿se ha considerado su efecto sobre fachadas, tabiquería e instalaciones?
- Huecos: ¿los pasos principales están ubicados fuera de las zonas estructuralmente sensibles?
- Armado: ¿los nudos permiten colocar, anclar y solapar las barras sin una congestión inviable?
- Hormigonado: ¿se puede bombear, verter, vibrar e inspeccionar cada elemento?
- Encofrado: ¿la solución favorece la repetición y limita piezas especiales innecesarias?
- Fases: ¿están previstas juntas, apeos, reapuntalamientos y estabilidad provisional?
- Logística: ¿hay espacio y acceso para equipos, acopios, ferralla y retirada de materiales?
- Documentación: ¿los detalles críticos están definidos con el mismo criterio en planos, mediciones y especificaciones?
Errores que suelen generar cambios durante la ejecución
Uno de los errores más frecuentes es desarrollar por separado arquitectura, estructura e instalaciones y confiar en una coordinación final. En estructuras complejas, ese enfoque traslada los conflictos a una fase en la que las decisiones ya están encadenadas.
También resulta arriesgado optimizar cada elemento de forma aislada. Reducir el volumen de una viga puede aumentar la densidad de armadura y dificultar su ejecución. Eliminar un pilar puede mejorar un espacio, pero trasladar una carga elevada a varias plantas o a la cimentación. La optimización debe medirse sobre el conjunto del edificio y su proceso constructivo.
Otro problema es definir una planificación basada únicamente en rendimientos teóricos. Las plantas con transferencias, rampas, muros o geometrías singulares no siguen necesariamente el ciclo de una planta tipo. Deben disponer de tiempos, medios y controles específicos.
Cuándo conviene incorporar al constructor especializado
La participación temprana de una empresa especializada es especialmente útil cuando existen grandes luces, transferencias, alta densidad de armadura, sótanos complejos, geometrías no repetitivas o plazos muy ajustados. Su intervención no sustituye el cálculo ni las responsabilidades de la dirección facultativa, pero ayuda a contrastar si la solución puede encofrarse, armarse y hormigonarse con seguridad y continuidad.
También permite comparar alternativas atendiendo al coste global, no solo a las cantidades de hormigón y acero. Los medios auxiliares, las piezas especiales de encofrado, la mano de obra, la logística y la duración del ciclo pueden modificar de forma importante la conveniencia de una solución.
Una buena ejecución empieza antes del primer encofrado
Planificar una estructura compleja de hormigón armado desde el anteproyecto significa anticipar interfaces y tomar decisiones coordinadas. La retícula, el sistema de forjado, las transferencias, los huecos, el armado, el encofrado y la secuencia deben formar parte de una misma estrategia.
Antes de iniciar la obra, las soluciones críticas deben estar calculadas, coordinadas y verificadas desde el punto de vista constructivo, aplicando siempre la normativa vigente y el criterio de los técnicos responsables. En proyectos de hoteles, bloques residenciales y otros edificios exigentes, un planteamiento temprano y ejecutable proporciona una base más sólida para controlar cambios, plazos y costes.

